Saturday, January 17, 2009


Hay una leve caricia que se siente antes de llorar. La cara se torna en una tierra de fragilidad maravillosa, que tras el súbito temporal desatado, las manos tratan de esconder. Se refriegan con intensidad en esa tristeza para vencerla. Hay cosas que me hacen llorar. Pero ahora no es el momento de hablar de qué cosas. Ni el corazón ni la mente quieren dar pistas de causas que les perdí el rastro.

Hay un golpe rudo y masculino que se siente antes de odiar. Las mujeres somos criadas para amar, por eso la femineidad está desnuda de golpes, de violencia, o sea, no huele a "macho". Pero eso no nos hace menos ingenuas. Somos infernales, así nos labran. Así, me traiciona el género día a día, me roba a mis deseos (algunos fantasmas del otro género), me insulta burlándose de debilidad, me degrada confinándome a un cuerpo de otoño.

Moraleja: estoy atrapada en este segundo sexo.